Geografías de la mujer. Leonor Calvera

El tema de género nunca está ausente en la literatura de Leonor Calvera cuyas obras brillan con la incorporación, tácita o directa, de ese entretejido impar.

Geografías de la Mujer. discurre por latitudes diversas en distintos tiempos configurando un telón histórico nuevo. Desde los cuadros del pasado argentino con que se abre la obra hasta el trazado de un nuevo orden final, la autora va sembrando reflexiones, puntos de vista inéditos, ángulos de observación que asombran por su verdad y su sabiduría a la par que se abren a la esperanza de un mañana de legítima igualdad.

Desde la primera hasta la última página el texto combina erudición con ironía, humor con pensamientos inéditos de modo tal que el lector queda atrapado en este nuevo punto focal que sostiene Leonor Calvera en  Geografías de la Mujer

 


 

Leonor Calvera:  Geografía del devenir de las mujeres

Antes y durante la Dictadura, Leonor Calvera –conspicua feminista histórica- trabajó intensamente en la escritura de un libro localmente pionero: El género mujer (Editorial de Belgrano, 1982), donde, como ella dice, “fue cobrando forma la idea de que el sexo biológico y los roles a cumplir en la sociedad no debieran considerarse un destino inamovible, sino que tenían que analizarse por separado (…). Vale decir que en todos los casos era necesario separar el determinismo biológico de aquello que pertenecía a las funciones”. Así, tempranamente, Calvera anotaba en ese valioso ensayo -injustamente olvidado en recientes décadas, pero que puede conseguirse en Mercado Libre a precios accesibles- : “Lo primero que el infante recibe con el lenguaje es la noción de género. No solo el género gramatical de aplicación arbitraria, sino un ‘masculino’ y un ‘femenino’ con significación y contenidos tendenciosos… El género mujer, a diferencia de las clases marxistas, se caracteriza por un acentuado estatismo que lo hace aparecer geográficamente similar e históricamente estable”.

Aparte de otros libros dedicados específicamente a la causa de las mujeres, bien diferentes entre sí (Mujeres y feminismo, 1990; Historia de la Gran Serpiente, 2000; Diosas, brujas y damas de la noche, 2005; Mujeres de dos mundos en la conquista española, 2012), Leonor Calvera se abrió a otras temáticas que la apasionan y en las que profundizó con mirada personal y una erudición que no excluye la amenidad de un lenguaje fluido, con acertadas notas de color que acercan a sus lectores/as a Poetas del misticismo español, 1982; Las fuentes del budismo, 1985; Camila O’Gorman o el amor y el poder, 1986; Comentarios del Tao Te Ching, 1989). En 1993, Calvera dio a conocer Poemas y canciones a la madre, elaboración de un duelo abrumador que, en su forma literaria, “fue desbordando los márgenes personales hasta adquirir una magnitud arquetípica: mi madre se fue convirtiendo en todas las madres, y todas las madres se fueron resumiendo en la Gran Madre”. Varios años después, Leonor publicaría un abarcador estudio del recorrido de los mitos funerarios, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, El paso de la muerte(2009). Más recientemente, vale citar títulos de esta prolífica intelectual y activista, que ya ha figurado en las páginas de Damiselas y  a quien nada de lo humano deja de concernirle: Pensamientos en red (2014), Los fuegos de la risa(2015), Memorias y olvidos (2017)

En cada una de sus obras, en mayor o menor grado, se transparenta la visión feminista de esta autora que no cesa de escribir, de reflexionar, de encontrar nuevas posibilidades de investigación, de revisión, de relectura histórica. Así es que de nuevo embarcada en asuntos relativos a la construcción cultural de género y a las diversas forma de sujeción que han coaccionado a la mujer a través de siglos y milenios, Leonor Calvera publica ahora Geografías de la mujer (Grupo Editor Latinoamerica, colección Nuevo Hacer, 2018). Geografías que ella explora desde ángulos muy disímiles que parten de pinceladas del siglo 19 en la Argentina, recuperando  a damas que coprotagonizaron la historia en los salones o yendo directamente a la batalla, resaltando a heroínas como Manuela Pedraza, Martina Céspedes. De allí a las inmigrantes que empezaron a llegar al país, a las trabajadoras fuera del ámbito doméstico, a las anarquistas de fin de siglo, a las primerísimas universitarias, culminando con la extraordinaria historia de Julieta Lanteri, la aguerrida mujer recibida de médica en 1906, que fue a votar en 1911 por su cuenta y riesgo, luego de hacer una presentación judicial, aunque luego fue desautorizada, y que en 1919 se convierte en secretaria del comité ejecutivo del Partido Feminista.

En la segunda parte de Geografías de la mujer, aparte de posar su mirada crítica y siempre reveladora sobre los ritos de pasaje aplicados a las mujeres; los cuentos de hadas de la tradición oral destinados a aleccionarlas desde el interés masculino; el surgimiento de la misoginia tan ligado al patriarcado; las formas de sometimiento y expropiación del cuerpo femenino en diferentes épocas y latitudes, incluyendo una breve historia de un tema en permanente debate, la prostitución.

Otras cuestiones que Calvera presenta y analiza: la dependencia impuesta a la autoridad paterna, al marido; la fuerte tradición binaria de la cultura patriarcal; la violación como ejercicio del poder del varón y de su mayor fuerza muscular. Sobre los tramos finales, hay interesantísimos capítulos enfocados al culto de la belleza y los cosméticos desde la Antigüedad (culto también referido a los hombres) hasta la intensificación de especialidades, consejos dirigidos a las mujeres, gimnasia, dietas y, en la segunda mitad del siglo 20, el comienzo del auge de las cirugías y rellenos de todo tipo. La evolución de los oficios asumidos por las mujeres,  sus relaciones con el dinero; el aporte cultural desde las poetas y músicas adelantadas, como Hildegarde von Bingen (1098-1179). El libro culmina con el capítulo El peso de lo intangible, donde figura este párrafo que condensa en cierta forma el pensamiento que Leonor Calvera ha desarrollado con gran coherencia a lo largo de su vida y su obra: “Dentro del corazón de la cultura, en el primer peldaño de toda comparación, se encuentra la mujer que, de hecho y por derecho, hereda la tradición forjada por el varón. Desde la máscara especular negativa que fuera su identidad histórica se alza buscando igualar su talla a la figura dominante que no viera en ella sino un símbolo de la naturaleza que atemoriza con su devenir incesante de muertes y nacimientos. Su ser otra la coloca en condiciones inmejorables para forjar una cosmovisión que pretenda modificar la cultura donde está inserta”.

Moira Soto

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