Marta Traba. Una terquedad furibunda.Victoria Verlichak

Victoria Verlichak
Marta Traba. Una terquedad furibunda. Universidad Nacional de Tres de febrero y Fundación Proa.
Por  Elba Pérez

Una pionera del arte latinoamericano

Marta Traba merecía el ingente trabajo de investigación que da sustento a la biografía que Victoria Verlichak dedicó a la intelectual argentina que trazó cursos indelebles en el conocimiento y difusión del arte latinoamericano. Traba multiplicó su labor de teórica y ensayista en una veintena de volúmenes de historia del arte y crítica, y en la actividad académica desarrollada en veinticinco universidades del continente.

Marta Traba es casi desconocida por sus compatriotas. Cuestionadora y cuestionada la autora de Dos décadas vulnerables, En el umbral del arte moderno y La pintura nueva en Latinoamérica tuvo una postura de rechazo hacia su país de origen, sentimiento que se atemperaba al momento de su muerte en 1983.

No fue, por voluntad propia, profeta en su tierra. En compensación Venezuela y Colombia la reclaman para sí, en reconocimiento a su cruzada por las artes visuales de Latinoamérica.

Su biógrafa Victoria Verlichak la conoció en Caracas en 1975. Verlichak quedó deslumbrada por la arrolladora personalidad de Traba y por los planteos radicales de su prédica en el campo de la estética y la política. Verlichak confiesa que escribió la biografía desde la admiración por el personaje. Este sentimiento caldea la ardua tarea de investigación que le demandó cuatro años, de innumerables búsquedas y entrevistas realizadas en varios países.

La biografía Marta Traba, Una terquedad furibunda traza con pormenor cuarenta años de labor intelectual. Verlichak analiza el desarrollo conceptual que enfrentó a Traba con casi todo el mundo. Amada y detestada por igual pero ni las adhesiones ni los rechazos la apartaron de sus convicciones. Esta integridad  es para Verlichak el núcleo de la personalidad de su biografiada.

Marta Traba (1923-1983) fue precursora de una cosmovisión multicultural al promover a la cultura latinoamericana al mismo rango de la europea y norteamericana. A su criterio el arte contemporáneo de la región debía construir su identidad evitando la asimilación de modelos externos y la estereotipación del indigenismo y folcklorismo for export. Afirmaba que si un arte es auténtico es eminentemente local.

Marta Traba creyó, inspirándose en Pierre Francastel, que la sociología del arte era el mejor método para conocer la obra de arte. Era conciente de la diversidad de la región y buscó en fuentes eclécticas la comprensión del fenómeno. Su visión se nutrió de aportes tan disímiles como los provistos por Herbert Marcuse y Levy Strauss, Mario Pedrosa y Franz Fanon, Walter Benjamín y Ernst Bloch, Theodor Adorno y Clement Greenberg, Manuel Scorza y Ángel Rama.

Con este arsenal armó un recorrido crítico, rico y por momentos zigzagueante, reconoce Victoria Verlichak. Pero señala también que estas contradicciones eran propias del empeño pionero de Traba y de la múltiple carga que asumió. Junto a la labor teórica y académica Marta Traba militó en la difusión y apoyo institucional. Esta acción fue definitoria en el reconocimiento internacional obtenido por pintores de la talla de Fernando de Szyszlo, José Luis Cuevas, Fernando Botero, Álvaro Obregón, Francisco Toledo.

Su conocimiento del arte en Latinoamérica y, en especial de la región central, fundamenta tres textos capitales: Dos décadas vulnerables en las artes plásticas latinoamericanas ,1950-1970, Arte latinoamericano actual (1972) y La pintura nueva en Latinoamérica (1961). Cada libro era un llamado a la resistencia activa a toda forma de modelos impuestos desde los centros de poder. Esta “terquedad furibunda”, principista, le valió persecuciones y varios exilios.

Alerta a toda novedad Traba fue pionera de la animación cultural. Descubrió precozmente que la incipiente televisión era un vehículo formidable para su prédica ideológica. Oradora eficaz, bella y original en sus atuendos, hizo de la seducción un arma. Desde la pantalla edificó reputaciones y demolió prestigios. Tuvo una autoestima tan alta como temeraria al punto de afirmar que la crítica debe ser inmisericorde, y no tener la mínima blandura, si realmente quiere adiestrar al público en el conocimiento de la verdadera belleza y de los auténticos valores artísticos. Claro está que ella se adjudicaba, omnipotente, la posesión de estos supremos conocimientos que la habilitaban a criticar sin misericordia y a adiestrar al público.

Marta Traba murió en un accidente aéreo en las cercanías de Madrid. Corrieron la misma suerte su marido Ángel Rama, y los escritores Manuel Scorza y Jorge Ibargüengoitia. A veinte años de su desaparición la figura de Marta Traba permanecía opaca, casi invisible a sus compatriotas. Un exilio más de los muchos que vivió y del que la redime con ejemplar dedicación la biografía de Victoria Verlichak. La autora traza un retrato de precisa cronología y distribuye luces y sombras sobre la imagen contrastada de la protagonista.

No elude enunciar los cuestionamientos que se le hicieron en vida, ni los que pueden alegarse hoy desde la perspectiva histórica. La admiración al personaje le hace sobrevolar algunas tilinguerías risibles, desmesuras algo apocalípticas y terquedades furibundas y erradas. La imagen que construye de Marta Traba tiene rigor documental y de su obra surge entera la intelectual y la mujer apasionante que fue pionera del arte latinoamericano.

 

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