La Coco Cambá del Okey Club. Sebastián Jorgi.

La Coco Cambá del Okey Club. Sebastián Jorgi.
Por Graciela Bucci

Sebastián:

Leo y releo con placer tu libro. Me asomo a él a través del cuento que le da el título.

Comienzo asombrándome por ese inicio perspicaz que hace que la letra minúscula permita que el corpus principal del cuento se amalgame con el título – táctica también usada en otros textos-

Hay un ritmo marcado que surge de las frases y me integra al movimiento a la cadencia, me deja vivir la melodía exaltada por la imagen.

Las dos comparaciones con esos cuentos geniales de Cortázar me recuerdan que, quien escribe, sabe bien cuáles son las “necesidades” del cuento, las pone en práctica, tal vez, desde el ejercicio lúdico de la palabra.

Rescato una acertada metáfora que me lleva a resaltar el personaje:”…Yuyú no hace más que sonreir esa blancura…”.

Hay una forma sutil de descontextualizar el lenguaje, sin perder la contemplación de realidades cotidianas y ubicándome a traves de puntos referenciales de la ciudad.

Y ese personaje tierno y nostálgico que me lleva de la mano…

Sigo leyendo; continúo destacando el uso mesurado y diestro de los recursos retóricos, la forma del retrato psicológico, el dar lugar a la confusión del personaje, a la intervención del lector, las citas de artistas que marcaron épocas y estilos, todas, historias sustentadas en un núcleo de interés.

El cuento con el que homenajeás a Simone de Beauvoir, me parece logradísimo. Esa segunda persona tan oportuna, la frase que citás que me lleva a pensar en un agnosticismo esperanzado…, los paralelismos, la presencia de autores que deben haber sido hitos en tu formación literaria y filosófica tempranas, el intertexto, la incorporación de la dualidad ficción-realidad y el hábil final abierto de “Bonjour Simone”.

En “Mi niña boricua”, vuelvo a la danza, elogio el registro, las concatenaciones con las letras de los boleros, y ese final suspensivo que deja que la música siga rodeándome.

Las imágenes lugareñas de “Habrá que…” me hacen pensar, nuevamente, en el trabajo de un cuentista que escribe sin afectación, que maneja el oficio con soltura y permite una lectura placentera que no plantea obstrucciones.

Me conmueve el tratamiento que le das a esa niña “pensante” del último cuento que, sin bajarse de su registro pre-adolescente, se permite el cuestionamiento hasta convenir que para “seguir viajando hacia el futuro…” preparará su “… escafandra y mi traje espacial”.

Sebastián: gracias por haberme permitido acercarme a tu libro, hacer este viaje al exterior desde un interior con el que me es posible la identificación y en el que me rodean figuras felizmente inacabadas, figuras que no pretenden conformar arquetipos.

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